Descubrí que en ocasiones el agua también tiene prisa, que la tierra también tiene miedo y que el viento a veces envejece demasiado despacio.
Me di la vuelta y contemple un pasado desconocido, que inalterable sigue su propio curso, que desinteresado se duerme todas las mañanas hasta que el calor pasa.
Atiné a abrir los ojos aún cuando quería dejarlos cerrados y deje de apretarme el pecho para que no hiciera ruido al respirar.
Contemplé por primera vez la vida fuera de mi, me vi en otros ojos, me vi en otros cuerpos y me vi andando con otros pies.
Caminé sobre el invierno hasta el fin del mundo y una vez allí dejé que mis raices comenzaran a escarbar en la tierra buscando, encontrando...
... recordando como se llegaba a casa...
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